«A doce los hizo sus compañeros, para enviarlos a predicar»

EVANGELIO DE HOY Marcos (3,13 19):

En aquel tiempo, Jesús, mientras subía a la montaña, fue llamando a los que él quiso, y se fueron con él. A doce los hizo sus compañeros, para enviarlos a predicar, con poder para expulsar demonios. Así constituyó el grupo de los Doce: Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges –Los Truenos–, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Celotes y Judas Iscariote, que lo entregó.

PARA VIVIR LA PALABRA:

Lucas nos recuerda que Jesús pasó en oración la anoche anterior a la elección de los Apóstoles (Lc.6,12) Es una de las grandes decisiones que Jesús va a tomar. “En el lugar de la revelación, “el monte”,, –comenta Benedicto XVI,– Jesús con una iniciativa que manifiesta absoluta conciencia y determinación, constituye a los Doce para que sean con él testigos y anunciadores del acontecimiento del reino de Dios.”

“La Iglesia, prosigue, se constituyó sobre el fundamento de los Apóstoles como comunidad de fe, esperanza y caridad. A través de los Apóstoles, nos remontamos a Jesús mismo.”

“La Iglesia comenzó a constituirse cuando algunos pescadores de Galilea encontraron a Jesús y se dejaron conquistar por su mirada, su voz y su invitación cordial y fuerte: “Venid conmigo y os haré pescadores de hombres” (Mc 1, 17; Mt 4, 19).

Después de María, reflejo puro de la luz de Cristo, son los Apóstoles, con su palabra y su testimonio, quienes nos transmiten la verdad de Cristo. Sin embargo, su misión no está aislada, sino que se sitúa dentro de un misterio de comunión, que implica a todo el pueblo de Dios y se realiza por etapas, desde la antigua hasta la nueva Alianza.
El número Doce, que remite evidentemente a las doce tribus de Israel, ya revela el significado de acción profético simbólica implícito en la nueva iniciativa de refundar el pueblo santo.

Superado desde hacía tiempo el sistema de las doce tribus, la esperanza de Israel anhelaba su reconstitución como signo de la llegada del tiempo escatológico (pensemos en la conclusión del libro de Ezequiel: 37, 15 19; 39, 23 29; 40 48). Al elegir a los Doce, para introducirlos en una comunión de vida consigo y hacerles partícipes de su misión de anunciar el Reino con palabras y obras (cf. Mc 6, 7 13; Mt 10, 5 8; Lc 9, 1 6; 6, 13), Jesús quiere manifestar que ha llegado el tiempo definitivo en el que se constituye de nuevo el pueblo de Dios, el pueblo de las doce tribus, que se transforma ahora en un pueblo universal, su Iglesia.”

“Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel,” (Mt. 19, 28) prometerá Jesús más adelante a los Doce. Y desde ahora compartirán estrechamente con el Maestro su Misión, e irán recibiendo gradualmente sus mismos poderes; compartirán con él la última Cena, donde Jesús les abrirá su corazón como a “sus amigos”, les lavará los pies y les mandará amarse como él los ama. Compartirá el sacrificio de la Nueva Alianza dándoles a comer su carne y a beber su sangre; y les mandará “haced esto en memoria mía” (Lc.22,19-20).

Compartirán el dolor de la cruz y el júbilo de la Resurrección. La partida del Maestro en su Ascensión, la Venida del Espíritu Santo en Pentecostés y la misión iniciada con Jesús.

Hoy es nuestro relevo. Somos nosotros los llamados a proseguir esta misma Misión con nuestra Iglesia. Sigamos su ejemplo de amor a Jesús, de celo por su Iglesia y de valor para dar testimonio de él a cuantos nos rodean

Que tengas un feliz día de fecundo apostolado.