«El más pequeño de vosotros es el más importante»

EVANGELIO DE HOY Lucas (9,46-50):

En aquel tiempo, los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante.

Jesús, adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: «El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más importante.»

Juan tomó la palabra y dijo: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir.»

Jesús le respondió: «No se lo impidáis; el que no está contra vosotros está a favor vuestro.»

PARA VIVIR LA PALABRA:

El pasaje evangélico de hoy nos lleva a poner nuestra atención en uno de los aspectos fundamentales de la espiritualidad cristiana. Tanto es así que la Iglesia ha reconocido como Doctora de la Iglesia y Patrona de las misiones, a la santa que mejor ha puesto de relieve este aspecto del Evangelio, conocido como “Infancia espiritual.” Se trata de Sta. Teresita del Niño Jesús. La carmelita de clausura, fallecida a los 24 años, que descubrió en la Palabra de Dios, vivida con su vida, con sencillez y fidelidad, el camino más corto para ir al cielo. Su aportación incomparable a la espiritualidad del siglo XX es una vuelta al Evangelio en su pureza más radical. ” Si no os hacéis como niños no entraréis en el reino de los Cielos”. (Mt 18,3). “El más pequeño es el más importante” ante los ojos de Dios.
Ya María, en su cántico profético del Magnificat nos deja un testimonio personal impresionante: “porque ha puesto los ojos en la pequeñéz de su esclava, por eso desde ahora, todas las generaciones me llamarán bienaventurada… Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes” Lc. 1, 48,53. Son innumerables los textos del Nuevo Testamento que nos acercan a Jesús, manso y humilde de corazón.

Y ese espíritu de humildad y sencillez que nos dispone a amar y servir al prójimo, a “lavarle los pies” como Jesús nos enseña, nace del conocimiento de la grandeza infinita de Dios, ante cuya inmensidad nos sentimos infinitamente niños, que confían sin límites en los brazos de su Padre y sólo desean hacer su voluntad. Este espíritu vivido en la convivencia familiar asegura la estabilidad de la pareja. Genera la paz y alegría en el hogar, refuerza las relaciones familiares y atrae la bendición de Dios sobre todos aquellos que lo viven y alimentan cada día en su alma y lo manifiestan en sus relaciones con sus semejantes.

Y es que el niño posee por naturaleza, muchas de las cualidades que S. Pablo atribuye a la caridad: “la caridad es paciente es amable; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra con la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo escusa. Todo lo soporta…” 1Cor 13, 4-7)

«Tratamos de impedírselo, porque no es de los nuestros» (Lc 9,49). La humildad borra las fronteras y el amor las transforma en vínculos de unión.

Que tengas un buen día con la inocencia y sencillez de la infancia.